Si he de perecer al abrigo de este manantial,
abrupto, dominante, de fluido reino.
Que no me vuelva loza de mármol,
su frío carácter de primavera postergada,
que deje que el despertar del sol me sonría,
que la luna en su guardia me bese
mientras sus aguas me acarician el descanso...

miércoles, 1 de marzo de 2017

Niña



Niña

Dolor de plata, izado pequeño,
disperso en el aire, gaviota futura
llamada a florecer en fría nieve.
Tienen sus alas los pétalos rotos,
bajo la luz de un mediodía de cristal.  
Muñeca de porcelana, su caída duele,
detiene el agua con sus frágiles manos,
criatura invisible, esencia de rosa,
el cielo te abre su mar muy tarde,
no te eleva a sus orillas con arrullo,
respiras el pálpito de la música,
majestad del alma de la fuente.
Sera tu destino el porvenir miedo,
color de sed en la sangre de la luna,
cuando los glaciares besan el poniente,
gélido, temible sin recatos piadosos.
Sin barrotes será tu cárcel de cuna
en los ilógicos climas del orbe.

Tus murmullos silencios corales,
niña, acaricias en su lienzo de mármol,
viendo como se alejan las margaritas
de tu campo de flores en ciernes,
en el amanecer de tus ojos asfixiado,
de altos sueños de densa arboleda.
Tú, mi dulce niña sin reproche al golpe,
asustada de la belleza y su milagro,
escribes incógnitos viajes al mañana.
Una emoción desconocida celeste,
te ampara ante la hiel de la sinrazón
que te dan a beber cada alborada.
No me quieras, tan pronto, ser,
pájaro que con su aterido vuelo
intenta doblegarse a la madrugada,
pasear su noche oscura de muerte,
una liberación de la vida prisión,
sin rejas, en tu inocencia mancillada. 

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