Si he de perecer al abrigo de este manantial,
abrupto, dominante, de fluido reino.
Que no me vuelva loza de mármol,
su frío carácter de primavera postergada,
que deje que el despertar del sol me sonría,
que la luna en su guardia me bese
mientras sus aguas me acarician el descanso...

miércoles, 8 de agosto de 2012

Regálame…

Sentir la fragilidad de la vida, te hace cuestionarte muchas cosas, qué tiene importancia y qué no. Siempre abogaré por la reconciliación con aquello que te contraria, que te separa de las personas, nada tiene la suficiente importancia como para cerrar tú corazón a la posibilidad de un reencuentro, será porqué no conozco el odio, aunque si la ira, la rabia, la impotencia, frente a una agresión… siempre perdono, me hagan lo que me hagan, que no equivale al olvido, eso es un tema diferente. No quiero olvidar nada de mi vida, bueno o malo, es parte de mí, de mi vida y es lo que realmente poseo en este mundo, todo lo demás son aderezos u obligaciones.
No le temo a la muerte, si me inquieta que se presente cuando mi misión no esté acabada, puesto que ya sabemos que es demasiado arbitraria, suele pasar sin pedir permiso y de igual modo se lleva lo que considera oportuno. Si bien es cierto, que aunque la sientas cerca, no te hace presa si no es tu momento.
Hay un episodio en mi vida, que sin duda me marcó, fuera lo que fuera, puesto que no estoy capacitada para definir que fue, y eso que he buscado en internet, experiencias similares, que dicen mucho y nada, puesto que en definitiva son solo conjeturas;
Hace ya más de veinte años, tenía 28 exactamente, estaba en quirófano, lo lógico es que una anestesia general, sea un tiempo muerto, no hay recuerdos de ese periodo, en mi caso, en esta ocasión, si. En un primer momento, mi visión era solo oscuridad y un dolor horrible, el dolor más fuerte que he conocido y de pronto, al frente, visualizo un grupo de gente que me llaman, están en hilera sobre una especie de pared muy blanca, luminosa, como si desprendiera luz, todos van con túnicas del mismo blanco que la pared y entre ellos destaca una mujer, en el centro del grupo, con pelo largo, rubio, muy liso, que presentía familiar, aunque nunca he podido identificar. El resto del grupo, no puedo decir si eran hombres o mujeres, ella era la voz que hablaba en primer lugar y a continuación los demás pronunciaban lo mismo, no puedo decir qué, puesto que el dolor era inmenso, insoportable, que me impedía moverme, llegar hasta ellos, que permanecían allí con los brazos extendidos hacía mi…. A continuación lo que recuerdo es el quirófano, no veo nada, solo oigo que dicen, que no puedo respirar y alguien me pone una mascarilla de oxigeno. Tengo la intuición de que me estoy muriendo, siento una profunda tristeza, no puedo ver a mi familia, despedirme de ellos, pienso en mis padres, en mi marido, en mis hermanos, en todos, después un tiempo muerto, donde vuelvo a despertar en otro lugar, presiento que es una especie de pasillo, no lo sé exactamente, pues aún no tengo visión alguna, todo es oscuridad. Siento mucho frio, alguien me dice que despierte, que no duerma tanto, yo no puedo hablar, no le puedo pedir una manta. Debo perder el sentido, pues cuando despierto abro los ojos y veo, estoy muy cansada, no tengo fuerzas, ni para hablar, a mi lado hay una enfermera, que me toma el pulso constantemente y otras la tensión. Sale y entra con médicos, miran mi historial, hablan entre ellos, se van, vienen otros, que hacen la misma operación, hablan fuera con la enfermera. Sé que tengo sueros puestos, no sé si me ponen algún tipo de medicación…
Fueron muchas horas, sobre seis, me dijo mi familia, donde no le dijeron nada de mí, ni bueno, ni malo. Cuando salen a hablar con ellos, nunca les dicen que mi vida hubiese estado en peligro, solo que había surgido una dificultad, no podían controlar mi tensión….
A simple vista parecerá una tontería, a mi me costó superar ese episodio de mi vida y aún me intriga, que es lo que realmente me ocurrió….

Gracias a todos y perdonad la extensión de la introducción de hoy…

Mil besos llenos de vida, derechitos a vuestros corazones… sean felices…




Regálame…

No quiero un collar de pelas
que cubra la desnudez de mi cuerpo,
quiero la mirada del espejo del tiempo
sin nada que manche sus arrugas.
Son pétalos ajados de una flor
asistiendo al entierro de sus años.
Perecedera aguanta mi piel
que no me muda, que me asiste
en este frío lóbrego y huraño
marcándola con fecha de caducidad.

Si quieres, regálame la memoria
que me mira con las maletas hechas
pendiente a fugarse con mis recuerdos.
Y esa estalactita que cuelga del cielo,
Se ha formado con el llanto de las estrellas
que me han acompañado hasta este momento.

Quiero lo mejor de mí, fijado en tu sonrisa
que resista el vacío vuelo de la ausencia.
Y esa quietud que serena tu alma
abrazándola, diciéndote; “Te quiero”.

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