Si he de perecer al abrigo de este manantial,
abrupto, dominante, de fluido reino.
Que no me vuelva loza de mármol,
su frío carácter de primavera postergada,
que deje que el despertar del sol me sonría,
que la luna en su guardia me bese
mientras sus aguas me acarician el descanso...

martes, 14 de agosto de 2012

¿Dónde está?

Olvidando los grandes inventos del hombre, cuya intención, no es otra, que la de organizar nuestra existencia, os digo que hace unas cuantas lunas que no os presento nada nuevo. No quiero hacer una exhibición de escusas, cada cual tiene sus momentos, sus circunstancias, producto de que somos parte de la naturaleza de este planeta, sujetos a los eventos de la climatología y digamos que esta hija de la madre tierra es bastante vulnerable a ellos. Dubitativa y reflexiva, mas anquilosada de lo habitual, me desinhibe la vagancia en cosas más livianas, como la música o la granja (FarmVille), algo muy contrario a mi carácter, adverso en ser atrapado en vertientes surgidas para crear hábitos de conducta en masa… ¿Qué soy, después de todo?, Una imperfecta mujer que necesita, como todos, evadirse de vez en cuando de la realidad, para así poder sobrellevar determinadas circunstancias que se hacen pesadas cuando la solución se halla al final de un duro camino.
Como la realidad es lo que realmente dirige nuestra vida, no pienso por nada del mundo, permitir que esta tendencia a la vagancia sea el timón que mueva mi barco, para nada, a pasos cortos como una tenue llama que apenas empieza a prender, seré una gran fogata cuya intensidad será equitativa a mi permiso de permanencia en la luz del mundo. Que no significa que no haya recaídas, las habrá seguro. Como muy bien dice este refrán de la sabiduría popular; “la cabra siempre tira al monte” y perdonen si suena a vulgar…
Dicho lo dicho, este poema, es de lo mejorcito que he podido rescatar de las elucubraciones donde mi mente parece perderse últimamente, en su ir y venir, de pasado, presente y futuro, quizá porque le inquieta ese último llamado futuro…

Gracias a todos
Y mil besos como alitas de paloma que unen controversias en la longitud de los planetas….



¿Dónde está?

Una palabra implora al cielo,
pero falta mucho tiempo aún
para que la voz del invierno se agote.

Un azul sombrío imita al gris
y a tientas la luciérnaga vuela
somnolienta, como un candil,
señalando la oración de la tarde.

¿Dónde está esa niña traviesa
que juega al escondite con la luna?
Hace años que dejó su sombrero de paja
hundido en la pila de la alberca.

¿Donde está ignota y escondida?
Son muchos soles grabados
en el perfil de su efímera silueta,
que de pesar, y al revés, tocan las campanas
para que no la duerma el tic tac del reloj.

Lucífuga y extraviada del sueño
en el adverso antifaz del velo
pasea en góndola como peregrina
en el profundo lago de su memoria…

Si, aún la niebla oculta su prado de albahaca
Y la voz del invierno se ríe de su sombra
cada vez que sale a buscar su sombrero.

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