Si he de perecer al abrigo de este manantial,
abrupto, dominante, de fluido reino.
Que no me vuelva loza de mármol,
su frío carácter de primavera postergada,
que deje que el despertar del sol me sonría,
que la luna en su guardia me bese
mientras sus aguas me acarician el descanso...

sábado, 23 de julio de 2016

¿Dónde?, Donde


¿Dónde?, Donde

                                                          
¿Dónde va siempre la vida?,
La vida va a donde se la lleve.
Era el octogenario sauco
misterio de supervivencia,
en mi imaginativa niñez.

Abrieron mis ojos al tiempo,
allí donde mis manos  enlazan
guijarros suspendidos en el aire.
Como un río de cálidas fantasías,
volviendo mis ilusiones de cobre.

Ya no perfuman las celindas,
están cerrados los pasajes,
donde dormitan sus hojas,
donde credos verdes blanden,
los olivos, las vides, los granados.

Todo se vuelve arruga doliente,
con el viento mordiendo las ramas
al recuerdo del solitario lentisco,
ermitaño cubierto de ceniza
en su garita frente a los trigales.  


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