Si he de perecer al abrigo de este manantial,
abrupto, dominante, de fluido reino.
Que no me vuelva loza de mármol,
su frío carácter de primavera postergada,
que deje que el despertar del sol me sonría,
que la luna en su guardia me bese
mientras sus aguas me acarician el descanso...

jueves, 25 de junio de 2020

La vida como disculpa.




  La vida como disculpa.

Se te admite la vida como disculpa,
así la vas perdiendo poco a poco
como el agua, sí, como el agua se va,
corriendo en su cauce, río abajo.

Despierta, sí despierta a la vida,
no te disculpes con ella, sumando,
días, años, envejeciendo heridas.

Tiene tu deseo los labios secos
por no poder besar su gloria.
Y una agónica melancolía
retenida en cada latido
de tu resignado corazón.

Escondiendo la libertad, la dicha,
en ello están tus alas rotas
bajo un cielo atónito,
sin poder regalarte las estrellas.

La vida como disculpa, no es vivir
es un impuesto y lóbrego uniforme,
un vil grillete, desangrándote sin sentir.

La vida es vivir, no es una escusa
Justificando el mal vivir.



Nací para encontrarte



Nací para encontrarte

Nací buscándote
al igual que la luna al sol.
Como sol me duermes
despertando el amanecer.
Y te vas cerrando tus parpados
apenas me viste la penumbra
en el atardecer.

Nací con tu voz en mi oído
sin saber que no eras aire,
ni canto de golondrina
volviendo en primavera.
Naci con la memoria de tu piel
sobre mi piel,
con un destino, encontrarte.  

Y en ese destino decía;
"debes dejarle marchar".
Somos dos caminos
con huellas diferentes,
se tocan en un cruce,
suave con prisa se besan
y vuelven rápido sus ojos
hacía distinto norte.